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La primera huella de Darwin

Huella de Megaterio

La Reserva Natural Pehuen-co – Monte Hermoso preserva las huellas fósiles en las que se inspiró Charles Darwin para desarrollar la teoría de la evolución.

Yo, ni enterado. ¿Así que Darwin estuvo 5 años dando vueltas por Santa Fe, Buenos Aires, La Patagonia, Tierra del Fuego y Mendoza?

 

Entre 1831 y 1836, con 22 años, el naturalista andaba dibujando bichitos y juntando piedritas. ¡Ah! …pero muchos de esos registros son de fósiles que tienen entre 8mil y 12mil años. De la última etapa del Pleistoceno. Para quién no sabe de eras geológicas, se trata de la última glaciación. ¡La última vez que todo se cubrió de hielo!

El Megaterio

Una de las huellas que lo impresionó fue la del Megaterio. Vulgarmente, un Perezoso de seis metros de altura y tres toneladas. Uno de los más grandes mamíferos terrestres que se conozcan. Éstas, se preservan en las Playas de Pehuen-Co y Monte Hermoso -al Norte de la Ciudad de Bahía Blanca- en su Reserva Natural Marino Costera.

Para allá voy con Matías, que me lleva con la camioneta de Guardaparques a hacer guardia con él. Sobre la duna, una casita de madera de 3×2, nuestra base, resiste el viento. Paso la mañana y la tarde sentado en la arena, leyendo un libro, mirando el mar.

Pocas personas llegan y la mayoría desconocen que están entrando en un área protegida, pese a que para hacerlo muchas veces pasan -agachándose- un alambrado. Entonces, Matías les explica. Les cuenta. Les pide que traten de no dañar. Que en lo posible no se lleven ni conchillas. Cuando capta la atención y el interés, saca de la casilla un libro con fotos y unos huesos. Hace más rica la historia. Yo observo, paso algunos fósiles, hago de asistente.

Cuando la jornada termina, me invita a dar una vuelta por el pueblo y paramos en un pequeño predio descampado donde un grupo de ocho personas señalan de un lado al otro con los dedos y dan pasos zancudos tomando medidas. «Tenés suerte, esa que está allá es Teresa Manera, fue la primera en recolectar fósiles acá», me indica Matías.

Teresa Manera

Una señora de aspecto tierno sostiene una carpeta con unos dibujos. Humildemente, deja que el resto trabaje. Cordial y con admiración, Mati la saluda. Yo le estampo un beso en la mejilla y un abrazo como si fuera mi abuela. Lejos de incomodarle mi confianza, me corresponde dándome la bienvenida y mostrándome el libro que sostiene. «Estamos por inaugurar un parque educativo e interpretativo, para que la gente y las escuelas vengan», cuenta entusiasmada.

Ante mi ignorancia, Mati siente que es preciso hacer explícitos los títulos de Teresa: «Ella es geóloga y paleontóloga, tiene varios reconocimientos internacionales por lo que ha hecho por la preservación de los fósiles. Ella y su esposo son los responsables de crear el Museo de Darwin». Se impone una pared de respeto. Pero donde hay paredes, se hacen puertas y ventanas. Y éstas se abren a la confianza nuevamente cuando, abriendo la boca, mostrando los dientes, subiendo las cejas e inclinando la cabeza, Tere dice: «Quiero donar una Macrauquenia y que se pare por ahí como si estuviera asustada. Haciendo ¡aaah…!»

Para ser justos, si bien La Reserva Natural Provincial Pehuen-Co – Monte Hermoso es la que protege una buena parte de las huellas visibles, la llegada de Darwin a la zona fue por Punta Alta, unos kilómetros más al sur. En aquella época, Bahía Blanca era un fuerte y todo lo demás, pastizal y llanura pampeana. Pese a eso, en sus escrito «Viaje de un naturista alrededor del mundo» (1939), Darwin hizo mención a Punta Alta. Dejando en castellano, una de las primeras menciones a la región que llevaría ese nombre a partir de los asentamientos ferroviarios de fines del Siglo XIX. Ahí no sólo encontraría huellas, sino los primeros fósiles vertebrados que ordenarían en su cabeza, el origen de la evolución.

Fosilización

Le pregunto a Teresa cómo es que se preservan las huellas fósiles para terminar de desasnarme. «La tierra acá es bastante arcillosa…» -empieza a explicar sencillo para que la siga- «Los sedimentos estratificados se mezclan con la arena y tierra y forman diferentes capas. Las huellas quedaron tapadas en su momento por ellas y protegidas. Constantemente se forman nuevas capas con nuevas huellas. Las que se encuentran en la superficie, son las más nuevas, las que están enterradas y no vemos son las más antiguas. A medida que el mar va erocionando la tierra se van perdiendo, pero también se van descubriendo nuevas que estaban ocultas en capas más abajo. Para que la historia no pierda las actuales, únicamente hacemos moldes. Pero dejamos que siga el proceso natural de eroción sobre ellas».

¿Cómo puede ser que haya tantas especies juntas? Me fuerza la curiosidad de nuevo y la respuesta es sencilla: «Estamos hablando de época de retroceso de los grandes glaciares. Sequía. El agua de deshielo se acumula en lagunas y, en diferentes momentos, eso atrae a las especies. No necesariamente convivieron en la laguna. Una huella puede ser de una especie A y al lado tener la de una B, pero con dos mil años de diferencia la una de la otra; y al lado puede haber una especie C, que sea una gaviota que dejó su huella hace algunos años».

No me canso de pensar que tengo suerte. A cada lugar donde voy, me encuentro con una gran historia y personas abiertas con ganas de compartirla. Me despido agradecido de Teresa, pero todavía me queda conocer otra faceta de Pehuen-co – Monte Hermoso; Otra pequeña evolución: el crecimiento del área protegida.

Las Rutas del Flaco

Sobre el autor

Franco Barletta

La vida del viajero es tan increíble que para quien no la lleva es ficción. Pero en toda ficción hay biografía y son las experiencias las que nos demuestran que la realidad siempre, siempre la supera...
Las Rutas del Flaco.