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«Cuido mi destino» en primera persona

Cambiamos notebook por pico, pala y fratacho para participar del programa de voluntariado de LATAM Airlines que, junto a la comunidad, puso en valor el Balcón del Valle en Neuquén

Como periodista muchas veces uno comunica las acciones solidarias que realizan diferentes empresas, pero ésta vez la invitación estaba lejos de publicar una gacetilla y contar lo que otros hacían, sino ser parte del voluntariado. LATAM Airlines nos invitaba a dejar huella, a ser parte de una transformación.

Desde hace 13 años, la línea aérea lleva adelante el programa de responsabilidad social «Cuido mi Destino«, una iniciativa que busca el fortalecimiento del turismo sostenible y el cuidado del medio ambiente poniendo en valor sitios turísticos. Este año el punto elegido para embellecer fue el Balcón del Valle en las afueras de la Ciudad de Neuquén, donde se eleva el Cristo de la Hermandad,  casi el límite con la provincia de Río Negro.

Cuando nos repartieron ropa de trabajo y guantes, no me imaginaba todavía que con pico y pala en mano nuestra labor sería la de, por ejemplo, hacer agujeros en la árida tierra neuquina. Así, junto a otros colegas periodistas,  nos entremezclábamos con los voluntarios de LATAM.

A media mañana, un sol sin resguardo nos abrazaba calurosamente, aunque el fuerte viento característico de la Patagonia hacía todo más llevadero. El trabajo nos mezclaba con un buen propósito a todos; ya no había jerarquías ni diferencias.

Quizás más acostumbrado al sol  pero de latitudes norteñas, asomaba un grupo de alumnos de la Escuela Nº 44 de San Pedro de Colalao (Tucumán), otro destino al que viaja LATAM, invitados en una especie de intercambio para contar sus experiencias de ediciones anteriores de «Cuido mi destino» a los chicos de la Escuela Técnica EPET Nº 8 de allí, de Neuquén. Bajo las indicaciones de la Dirección de Espacios Verdes y  con la coordinación del área de Turismo de la Municipalidad de Neuquén, juntos aportamos nuestro esfuerzo para reconvertir este mirador natural en un espacio de recreación y disfrute.

Tras la primera jornada de trabajo ya el Balcón estaba cambiado: los postes de luz habían sido lijados y pintados, al igual que los conos de cemento y varios cestos de residuos; otra cara del paisaje.

La noche nos sorprendió con una cena reparadora para recuperar energías, ya que al otro día temprano, afrontaríamos otro día de trabajo. Pero descubrir el compromiso de cada uno de los que participábamos de la iniciativa fue lo que alimentaba las fuerzas y lo que más me emocionó de la experiencia.

No importaba el sexo ni la edad. Los chicos de Tucumán, los de Neuquén, los que habíamos ido desde Buenos Aires, todos teníamos un único objetivo, el cual fue cumplido con creces.  No sólo se trataba de instalar bancas, cestos, cartelería, barandas o hasta un totem para la recarga de celulares a través de energía solar. Estábamos armando un escenario para nuevas historias, rescatando vistas y recuerdos de los que por allí antes habían pasado.

Vecinos de la zona se sumaron a la labor y nos enriquecían con anécdotas de aquel mirador del que poco a poco nos íbamos adueñando para brindarlo a la comunidad.

Confucio dijo alguna vez: “Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo, sino busca un nuevo camino hacia él”. La meta era ambiciosa. Pusimos lindo aquel sitio para que los neuquinos construyan otras historias y puedan  llegar de forma segura hacia el Cristo a acercar sus oraciones, con sitios donde tirar la yerba después de los mates que comparten bajo el manto de esas vistas inigualables.

Una de las características de esta iniciativa de RSE de LATAM es que el compromiso con cada destino es a largo plazo.  Esta fue la primera experiencia que tendrá nuevas etapas en los próximos dos años, en suelo neuquino comprometiendo a empleados, vecinos y autoridades.

Por mi parte, me quedo con la satisfacción de saber que la próxima vez que  encuentre  una foto del Balcón del Valle,  sonreiré como quienes allí posen, pues  mi granito de arena sirvió para ganar un turista.

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