Comer y Beber El Restó de la semana

Comer en El Paraíso

El Gran Paraíso

En el patio de un histórico conventillo en Caminito, funciona un restaurante a cielo abierto que invita a turistas y locales a sentarse en una mesa bajo la sombra de los árboles, y disfrutar de un típico asado porteño

El Gran Paraíso

Manjares a cielo abierto

Si hay un día destinado a los paseos, en los que uno se comporta como un turista en su propia ciudad, son los domingos. Y ahora que los días comenzaron a amigarse con la temperatura, las ganas de trasladarse a cualquier sitio que huela a  cuasi verano, no generan demasiado sacrificio.

Un destino con un aroma imposible de resistir, en los alrededores del portal más concurrido de todos: Caminito. Se llega al ritmo del 2X4, guiados por el predominio del azul y amarillo.  Un cartel en perfecto fileteado les anunciará que han arribado. Serán las  brasas las que de cerca, oficiarán como el mejor anfitrión.

En el patio de lo que fuera uno de los tantos conventillos que albergaba nuestra ciudad, funciona El Gran Pasaíso,  un restaurante a cielo abierto, que invita a locales y turistas a sentarse en una mesa bajo la sombra de los árboles.  El colorido conventillo mantiene su construcción original desde 1890.

La estrella de este páramo es la carne que se grilla al carbón y a leña, para darle un gusto más rico.  Los acompañamientos van desde  papas a las brasas, ensaladas frescas y vegetales grillados con queso. Quien guste podrá optar por platos vegetarianos.

Los clásicos postres suman más puntos a la tentadora experiencia. Al momento de pedir la carta para recordar lo que se ofrece, su presentación es  la perdición en sí misma, pues en vivo  y en directo  hacen su aparición estelar una suerte de smoothies a base de óreo, mousse y banana, junto a otra sabrosura  mezcla de una mousse cítrica con arándanos y gelatina, sin olvidar los protagónicos de una espectacular chocotorta y el tiramisú.

Además de comer y perderse ante la humeante parrillada, es un paseo en el tiempo.  Los conventillos fueron viviendas familiares en las que habitaban los inmigrantes que llegaban, en su mayoria, desde Europa.  Tenían habitaciones privadas y espacios comunes que todos compartían.   La Boca, por su proximidad a la rivera, fue el lugar que los vio nacer por excelencia. Y el que se tiñó de los colores que esa inmigración aportó.

Por eso, en El Gran Paraíso, la comida no es la única que se lleva los aplausos. En su planta alta se pueden visitar las habitaciones que coleccionan preciados objetos de la vida de antaño.  Los ventanales conectan a los visitantes con los comensales recién llegados. Y mientras unos tratan de recuperar el aire, los otros aún inician el fantástico laberinto culinario.

El Gran Paraíso también funciona en invierno. Tiene un pequeño salón cerrado y estufas que se colocan en el patio para que el frío no empañe la experiencia de sentirse por un rato, un inmigrante genovés seducido por un jugoso bife de chorizo.

Al final del corredor, tras pasar el camino arbolado, una escalera caracol los persuadirá a subir, descansar un momento y perder la vista entre los adoquines que adornan las calles del barrio de Caminito.

El Gran Paraíso: Garibaldi 1429. Caminito. La Boca. Buenos Aires
Relación precio-placer: Excelente. A pesar de estar en un lugar turístico, los platos tienen un precio acorde y se pueden compartir algunas opciones.
Servicio: muy bien atendidos y permitiendo el disfrute al tiempo de cada comensal.

+ Info www.granparaiso.com.ar

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