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128 años de tradición familiar e innovación

Eduardo López, cuarta generación de Bodegas López, pasó por el streaming de HUESPEDES

Hay empresas que construyen su identidad a partir de la innovación y otras que lo hacen desde la tradición. Bodegas López logró combinar ambas cosas.

Cercana a los 130 años, acompaña la mesa de los argentinos con sus productos emblemáticos. Lejos de quedarse en el lugar cómodo de su identidad, la bodega mendocina apostó al desarrollo de nuevos productos y de experiencias, sin abandonar aquellas etiquetas que forman parte de la memoria de varias generaciones de consumidores argentinos.

Aquí, una entrevista imperdible con Eduardo López, integrante de la cuarta generación y propietario de Bodegas López. Una charla realizada por Mariu Martini durante el streaming de HUESPEDES, que se emite cada jueves desde las 19hs por EcoMedios.

 

 

Con 128 años de trayectoria y cinco generaciones al frente, la marca construyó una identidad propia -conocida como el «Estilo López»- asociada a vinos clásicos, elegancia y continuidad.

Una empresa familiar

La historia comenzó cuando el bisabuelo de Eduardo López llegó desde España a la Argentina. Desde entonces, la bodega atravesó diferentes etapas de la economía argentina y logró mantenerse dentro de una misma familia durante cuatro generaciones.

 

 

Para Eduardo, no existe una fórmula única que explique esa permanencia. Se trata, en cambio, de una combinación de decisiones que permitieron sostener la empresa hacia afuera pero también preservar el equilibrio interno de una familia empresaria.

Afincada en Maipú (Mendoza), Bodegas López es una de las pocas bodegas nacionales que continúan en manos de sus descendientes.

López se consolidó como uno de los grandes apellidos, referentes de la viticultura de la argentina. Y este fue uno de los focos de la nota, teniendo en cuenta que el legado pasa de generación en generación.

Sin embargo, así como se piensa en el futuro no solamente de los productos, en las empresas de este tipo también hay que generar la discusión del movimiento que se generará en la estructura de la familia con el paso de tiempo.

En una empresa de estas características, no todos los integrantes necesariamente trabajan en la compañía. Por eso, explica López, también es necesario construir acuerdos internos y mantener una política que permita que las distintas generaciones puedan formar parte del proyecto.

Y a este punto, Eduardo suma una premisa que la bodega mantiene desde hace décadas: generar valor para quien compra sus vinos.

Tradición sin quedarse en el pasado

El desafío de una marca con tanta historia es mantener su identidad sin quedar atrapada en ella. Y si bien Eduardo reconoce que Bodegas López tiene una imagen tradicional y clásica, remarca que eso no significa ser una bodega antigua o alejada de la tecnología. Mucho menos podemos pensar en que tradición es sinónimo de viejo.

Por el contrario, en Bodegas López la incorporación de las nuevas generaciones permitió desarrollar productos, formatos y líneas diferentes. En los últimos años, la empresa prácticamente duplicó la cantidad de productos que ofrece entre vinos, espumantes y aceites, apoyándose también en un área de investigación y desarrollo.

Uno de los ejemplos es Universo Paralelo Wines, una línea que busca transitar un camino diferente al de los vinos clásicos de López. Mientras los productos tradicionales se caracterizan por su crianza en grandes toneles, esta propuesta trabaja con vinos más jóvenes, barrica, fruta y estructura.

La estrategia apunta a captar a consumidores que buscan una experiencia diferente sin que eso implique abandonar la identidad histórica de la bodega.

Vino y hospitalidad

Bodegas López lleva casi tres décadas abierta al turismo y fue ampliando progresivamente su propuesta. Uno de los proyectos más recientes fue la transformación de la antigua casona familiar en un pequeño hotel.

Así nació Chateau Montchenot, que no es más ni menos que la casa donde vivieron distintas generaciones de la familia López. Hoy es un petit hotel de apenas ocho habitaciones que conjuga los objetos de ese pasado, y asoma como una extensión de la experiencia que comienza en el vino.

Para Eduardo, el hotel permite agregar valor a la visita turística y mostrar una parte de la historia de la empresa familiar que hasta ahora no estaba necesariamente abierta al público. Algo que seguramente los visitantes agradecen.

De la cordillera al mar

Algo que parece tan distinto, en López se conjugan de una manera especial. Por empezar, el punto en común arranca en el restaurante que funciona desde hace más de 20 años dentro de la bodega.

El espacio de Rincón de Lopéz fue remodelado e incorporó una propuesta gastronómica muy diferente. Hoy la cocina está liderada por los chefs Alisandro Charlotti y Hernán Domínguez, ambos referentes de la gastronomía de Mar del Plata

Allí han impulsado una carta a base de pescados especialmente, una propuesta que no abunda en los restaurantes de Mendoza. La idea fue precisamente generar una alternativa diferente, tanto para el turista como para el público local.

Sin embargo, la conexión de Bodegas López con Mar del Plata no es nueva. La empresa llegó a elaborar vinos de mesa en la costa bonaerense cuando la normativa permitía embotellar fuera de la región de Cuyo.

Por eso, en el marco de los 150 años de Mar del Plata, la bodega fue convocada para realizar un vino homenaje a la ciudad. Y posteriormente surgió la oportunidad de volver al mar con su participación en Pueblochapa, un desarrollo inmobiliario ubicado en la zona de Chapadmalal.

Pueblochapa se presenta como el único proyecto de la costa argentina que integra un pueblo abierto a la comunidad, un barrio privado y viñedos. Los propietarios no solo disfrutarán del paisaje, sino que recibirán anualmente una proporción de la cosecha: alrededor de 300 botellas de vino producido con sus propias uvas.

Allí, además del proyecto de Real Estate, el año pasado se plantaron las vides que darán vida a este nuevo proyecto que apuntan a complementar con una pequeña bodega, con vinos de origen marítimo.

La botella del abuelo

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista fue la explicación de la Clínica de Recorche, una iniciativa que comenzó como un procedimiento interno de la bodega y terminó convirtiéndose en una experiencia de contacto directo con los consumidores.

Bodegas López conserva vinos muy antiguos, algunos desde los primeros años de determinadas etiquetas. Con el paso del tiempo, los corchos naturales necesitan ser reemplazados para garantizar que la botella pueda seguir conservándose correctamente.

La bodega decidió entonces abrir ese proceso al público. Los consumidores pueden llevar botellas antiguas de López para que sean degustadas, revisadas y, cuando corresponde, reencorchadas profesionalmente. El servicio se realiza sin cargo y, si una botella perdió una pequeña cantidad de vino, la bodega puede completarla utilizando otra botella de la misma marca y añada.

La Clínica de Recorche también permitió descubrir que muchas de esas botellas no pertenecen necesariamente a grandes coleccionistas. Hay consumidores que heredaron vinos de sus padres o abuelos y los conservaron durante décadas sin saber exactamente en qué condiciones se encontraban.

Entre las historias que recordó López aparece la de un cliente que llegó con una caja de botellas de la década del 70 que había conservado durante años.

La Clínica de Recorche terminó funcionando como una suerte de servicio de posventa pero también como una herramienta para reforzar el vínculo con los consumidores. Es una forma de entender que la fidelización va mucho más allá de vender un vino.

La diva y el ídolo

Nada más lindo para una marca ser reconocida y, en este caso, degustada por figuras y celebridades. Durante la entrevista, Eduardo López contó la satisfacción que le produce saber que personalidad como Susana Giménez o Lionel Messi hayan elegido productos de la bodega.

En el caso de Messi, recordó especialmente una botella de Montchenot de 1987, el año de nacimiento del futbolista, que eligió durante una comida en el reconocido restaurante Don Julio.

Pero hay una diferencia importante: no se trata solamente de una acción publicitaria. En el caso de Susana Giménez, López destacó que el vínculo se relaciona con un consumo real y sostenido del producto.

Desafíos para el vino argentino

La entrevista también abordó el presente y Eduardo López reconoció que el sector atraviesa un momento complejo, marcado por una caída en el consumo y una reducción del volumen de vino comercializado.

Se consume menos cantidad y adquiere mayor importancia la búsqueda de calidad.

Sin embargo, el empresario considera que la industria tiene capacidad para superar las dificultades actuales: pasa por adaptarse a los cambios sin perder de vista aquello que hizo posible la permanencia de una empresa familiar durante más de un siglo.

En el caso de Bodegas López esa adaptación significa desarrollar nuevas etiquetas, incorporar tecnología, abrirse al turismo, sumar gastronomía, recuperar espacios familiares, explorar nuevos territorios productivos y mantener un vínculo directo con quienes consumen sus vinos. Ejemplo de cuando la tradición no aparece como un límite, sino que se convierte en punto de partida para nuevos caminos.