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Campanópolis, medioevo en la ciudad

Una aldea de estilo medieval argentina que sorprende a los visitantes por su geografía, objetos y particular origen

Una aldea detenida en el tiempo

La primera asociación que uno teje en su mente, sin una lectura previa, es que podría tratarse de la ciudad de las campanas. Frío, frío. Es una “ciudad”, sí. Pero que existe gracias a un señor de apellido Campana que plasmó su sueño en la localidad bonaerense de González Catán. Un hombre de mundo que quizás en otras vidas tuvo un corazón de caballero medieval.
Llegar a Campanópolis es encontrarse con lo extraño y a la vez atrapante. Se trata de construcciones extravagantes unidas por callejones adoquinados, pasajes, recovecos como los que podrían sorprendernos en cualquier campiña francesa.
Antonio Campana fue un aventurero adinerado de gustos particulares y espíritu emprendedor. Pero, como muchos, cuando la vida le tejió una mala pasada, tuvo que ajustar las velas para llegar a otro destino. Y la vuelta de timón lo llevó a la concreción de un sueño que nació del diagnóstico de una enfermedad terminal. El pronóstico aseguraba que le quedaban apenas 5 años de vida pero la cuenta se extendió por 20 más. Por entonces, ya se había desprendido de sus empresas, apostando a la construcción de este mítico lugar con el fin de disfrutar el supuesto corto tiempo de vida con su familia, sus amigos y su gente.
Campana adquirió el predio en 1976, en donde se habían explotado antiguas tosqueras, de donde se extrajo material para la construcción de las bases de las pistas del Aeropuerto Internacional de Ezeiza y de la Autopista Riccheri. El terreno estuvo en peligro por la creación del Cinturón Ecológico Área Metropolitana Sociedad Del Estado (CEAMSE), pero Campana logró proteger las tierras que hoy forman parte de una de las reservas más frondosas de la Provincia de Buenos Aires. Son 200 hectáreas con llanuras, lagos y un paisaje que contagia tranquilidad a todos los que recorren su naturaleza. Y esto sucede a solo 30 minutos de la City Porteña.

Con  adelantada conciencia sustentable, amante de lo reciclable, Don Antonio ideó las construcciones con materiales en desuso, mobiliario urbano olvidado y maquinaria desechada: relojes de plaza, luminarias de calles, armazones de máquinas de coser, monedas viejas, adoquines antiguos de avenidas porteñas; todo ha servido para ornamentar algún rincón.[wc_spacing size=»40px» class=»»][/wc_spacing]
Entre las páginas de un cuento
Los visitantes son recibidos por personajes como salidos de un relato fantasioso y los guías invitan a recorrer la ciudadela de la mano de historias y míticas anécdotas.
La naturaleza, aunque a priori parece descuidada, sorprende a cada paso y nos conduce por caminos arbolados al rincón de “Doce casitas del bosque», para vivir por unos instantes nuestro propio cuento.
Fuentes, lagos, puentes y hasta un molino de viento holandés harán mágico el paseo: el Pasaje del Búho, la Casa Proa de Barco y cientos de espacios secretos están esperando que otros ojos los descubran. Si de rarezas hablamos, el recorrido invita a conocer el Museo de Hierro donde se exhiben todo tipo de objetos que alguna vez hemos visto en otro lugar.
Actualmente, Campanópolis es un atractivo turístico, que suele convertirse también en escenario de fiestas privadas, campañas de moda y hasta filmaciones que lo han utilizado como locación medieval. Es que allí la magia, lo exótico y ecléctico se funden con el tiempo real. Sin dudas, una gran combinación que invita a curiosear.

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