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Bajo la lupa de Darwin

Villa Mercedes, San Luis
Villa Mercedes, San Luis

El Boliche Don Miranda un emblema de la ciudad puntana

 

En sus orígenes fue un puesto de avanzada, una posta llamada «Las Pulgas». Un respiro frente a las largas jornadas en territorios ásperos en el clima y agrestes en el suelo. Muchos de los que se aventuran en viajes por ruta encuentran en «Mercedes», como la llaman sus habitantes, un amable lugar donde hacer una parada y sorprenderse con lo mucho que hay para visitar.

Cuentan que en aquella posta de nombre tan simpático se alojó Charles Darwin en medio de sus investigaciones trajinando la Patagonia. De allí le quedan vestigios de intereses varios para salir a recorrer.

A fines del siglo XIX prosperó fuertemente con la llegada del ferrocarril (inactivo a la fecha) que conectaba toda la región con el puerto chileno de Valparaíso.

Afincándose en su fuerte arraigo productivo proveniente del agro y de las industrias, creció para convertirse en un centro comercial en la región de Cuyo. Su fortalecimiento devino en un polo turístico de valor, con instalaciones de primer nivel para el viajero.

Ancha fama

Tal vez aquél detalle que la ha hecho famosa es la Calle Angosta, con una sola vereda. Surgida en el último cuarto del siglo XIX, por ella transitaban los carros y carretas que traían la producción de la región para ser transportadas por el tren, principalmente hacia el este. El tendido de una alambrada que la separó de las vías férreas, delimitó su extensión hacia el sur, la que fue más tarde definida por el perfil de las casas de los propios trabajadores del ferrocarril. Fue inmortalizada a partir de la cueca cuyana compuesta por José Adimanto Zavala y Alfredo Alfonso.

El trazado sigue circulando a la vera de la vía, a su término se encuentra el Molino Fénix, devenido en centro de convenciones, cines y espacios culturales. Ahora por debajo de ella emerge el tránsito rápido de la ciudad, en tanto en el playón de la vieja estación se ha construido el complejo artístico cultural que lleva su nombre y donde se realizan espectáculos durante todo el año, con una nutrida actividad de festivales.

El Boliche Don Miranda es uno de los símbolos de la ciudad en la propia calle. Un espacio que reúne toda la vida tradicional que se edificó en torno al ferrocarril.

La plaza central, Pedernera, como en todas las ciudades típicas de la Argentina, se teje el centro esencial de la vida cotidiana de los mercedinos. Es interesante circular las Escuelas Palacio (donde se formaba a los alumnos bajo los planes sarmientinos), además de la Municipalidad de claro estilo art decó. La conservación de todas estas estructuras permiten apreciar de modo magnífico los detalles originales de las propuestas constructivas. En medio de ellas, una joyita sorprende: Epic Hotel Villa Mercedes se presenta como un imponente hotel de categoría cuatro estrellas en el corazón de la ciudad de Villa Mercedes, donde casino, restaurante y diseño de vanguardia desde la decoración, la gastronomía y la arquitectura proponen una alternativa que excede las expectativas.

En el Centro Nativista Héctor Aubert, declarado de interés internacional por la UNESCO, se propone un complejo con museo, auditorios, la reproducción de una pulpería, una capilla y un anfiteatro. Su denominación recuerda el nombre del coleccionista que posibilitó la obtención de estas piezas. Uno de sus atractivos principales es la muestra de carruajes antiguos que datan de principios del Siglo XIX. Presenta además uno de los tres únicos bustos de Molina Ocampo que existen en todo el mundo.

Aire libre

El aire seco y limpio de la zona invita en las jornada luminosas a visitar los paseos exteriores. El Parque Provincial Costanera Río V, conocido como “El Lago”, es el sitio de esparcimiento a cielo abierto de los puntanos de la ciudad. A orillas del río Quinto, ofrece la posibilidad de realizar deportes naúticos, especialmente el windsurf y la pesca.

Apenas a 50 kilometros de la ciudad se encuentra San José del Morro, un espacio volcánico surgido a lo largo de una fractura que permitió emerger a una línea de volcanes. Dueño de una conformación geográfica poco común, el Cerro El Morro presenta una vegetación dominada por pastizales y montes serranos, y un paisaje de belleza indescriptible por los arroyos y quebradas que lo integran.

A los pies del cerro, se afinca el pueblo que cuenta con un museo religioso con preciosas piezas, además de localizarse una de las iglesias más antiguas de la región, declarada Monumento Histórico Nacional.

Otro circuito ideal para realizar en auto es el de las lagunas, integrado por casi 200 de ellas que se enlazan en una serie de pueblos, una tras otra: Sayape, Chañar, Nassau, Del Durazno, El Recuerdo, Las Encadenadas, Corralito, El Porvenir, El Plumero, Los Pozos, Soren, Las Trapales, Primera Laguna, El Tigre, Oasis. Además de los bellos paisajes, la fauna y flora que pueblan la zona, algunas de ellas invitan a la pesca, pero el atractivo mayor es el turismo no convencional: el agua con médanos, pastizales e isletas de bosques son combinaciones ideales para las caminatas y los safaris fotográficos.

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