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La voz del bosque

Villa de artesanos, luthiers y cerveceros, El Bolsón supo renacer con arte de las llamas que consumieron el bosques del cerro Piltriquitrón y convida con destellos de naturaleza en ríos, lagos, montañas y sabores. Solo hay que abrir los sentidos a su llamado.

Villa de artesanos, luthiers y cerveceros, El Bolsón practica la hospitalidad más sincera. Renació con arte de las llamas que consumieron el bosque del Piltriquitrón y convida con destellos de naturaleza en ríos, lagos y sabores. Solo hay que abrir los sentidos a su llamado. 

Si bien la primera vez que uno escucha su nombre se siente como abrumado por la destreza de quienes ya hace tiempo que lo pronuncian, el Piltriquitrón es un cerro que invita desde el primer momento a ser recorrido. Una de sus laderas enmarca la comarca con un inmenso paredón que, además de deslumbrar por su altura, parece proteger a sus pobladores. De alguna manera, el clima y la geografía tan particular de El Bolsón es el resultado del protagonismo de este cerro que parece haber querido separarse de la Cordillera de los Andes para cobijar un lugar donde los arroyos corren libremente entre las piedras, atravesando bosques de ñires y lengas, y que lo hacen tan especial como místico. La comarca es tierra de pioneros y emprendedores. Varias décadas atrás, El Bolsón se convirtió en la esperanza de un lugar donde los que buscaban una vida más tranquila y contemplativa en contacto con la naturaleza, podían encontrar en ese valle un refugio desde donde comenzar un nuevo estilo de vida. Y no cabe duda deque lo hallaron. Hoy se puede sentir ese  espíritu renovado en quienes ofrecen sus dulces elaborados de forma natural con las frutas finas cosechadas en sus propias chacras, los que preparan quesos de características muy particulares, los que cocinan sus truchas en los ahumaderos y los que preparan la ya reconocida cerveza “El Bolsón”. Alrededor de la plaza principal se congregan quienes ofrecen sus artesanías reafirmando un característico color local. A pocos pasos de allí, sobre la esquina se encuentra un bar donde las picadas se salen de proporción al mejor estilo sajón, lo que requiere dedicarle tiempo para poder terminarlas. Al otro lado de la plaza está Jauja, una heladería que realiza cada uno de sus gustos con mucho esmero y pasión. No solo los nombres de sus sabores son sorprendentes, sino las combinaciones que proponen. Cremas con jengibre o macocido son la punta de un iceberg de lo que se puede encontrar allí. Sus helados se elaboran de manera artesanal y todos sus ingredientes son completamente naturales sin conservantes ni colorantes artificiales. Sin duda da ganas de probarlos a todos. No muy lejos se encuentra Lumina, un espacio olístico de arquitectura muy particular que no puede pasar inadvertida. El edificio tiene la apariencia de un templo y en su interior se puede disfrutar de masajes relajantes y algunas experiencias más trascendentales para encontrarse con uno mismo.

 

Nacido de las llamas

Todavía sus habitantes recuerdan como las fuerzas de la naturaleza se desquitaron con la cima del “Piltri” desatando un incendio insaciable que arrasó gran parte del bosque, dejando a su paso solo algunos restos que apenas sobrevivieron a las llamas.

Donde parecía haber solo desolación, Marcelo López, un artista plástico local, supo ver una oportunidad y concibió la idea de tallar esos árboles caídos no solo para expresarse sino para darle una nueva vida al bosque. Después de mucho esfuerzo y de la participación de una gran cantidad de artistas, el bosque tallado se ha transformado en un legado.

Un breve recorrido en vehículo desde el pueblo lleva hacia un balcón natural desde donde se puede comenzar a observar el valle en toda su extensión. Desde ahí nace un sendero que lleva directo hacia el bosque tallado. A medida que se avanza por el camino que faldea la ladera del cerro, se presentan salientes rocosas que obligan a detenerse para observar el paisaje. Frente a los viajeros, a cordillera de los Andes: las cimas del Cerro Tronador, el cerro Tres Picos y el Perito Moreno. Atravesando el valle, el río Azul, y a la distancia, el lago Puelo. Más adelante, se camina bajo el abrigo del bosque hasta llegar a un refu-gio que marca la puerta de entrada al destino final. De los grandes troncos caídos, las tallas de animales, formas abstractas, seres místicos y doncellas dormidas atrapadas en la madera se interponen en el camino, como observando a los caminantes. Entre el verde de un nuevo bosque, las figuras cobran vida y conviven entre la brisa del viento que despeina las copas de los árboles y el golpeteo de los pájaros carpinteros, que parecen querer tallar sus propias obras de arte.

Una aventura a caballo

Cada vez que las vertientes se cruzan con pequeños cursos de agua que se internan en el bosque no hay que desperdiciar la oportunidad de recorrer cada rincón. Por la mañana, en la zona del valle, cerca del río Azul, esperan caballos recién ensillados y listos para partir. Al paso tranquilo, se comienza a trepar por los estrechos senderos. A medida que se avanza, la leve oscuridad del bosque es invadida por momentos por lo débiles rayos del sol que pelean para atravesar la copa de los árboles (quizás, no sorprendería si el personaje de algún cuento se cruzara en la escena). Luego de un claro, caballos y jinetes cruzan un pequeño arroyo y se internan en un llano para desmontar y continuar a pie. Así, se gana altura hasta trepar a una cornisa bordeando un acantilado. Por un lado, la roca; por el otro, el precipicio. Al final del recorrido, un gran balcón natural que sobresale de la pared del acantilado, permite detenerse y observar, hasta donde alcanza la vista, un valle protegido por las montañas, desde el agitado río Azul hasta los cerros que le ponen límite al horizonte. La última luz de la tarde, aumenta el contraste de una enorme roca en el acantilado denotando el perfil de la cara de un indio tallado sobre la piedra como una escultura viva, resistente al paso del tiempo. El Bolsón no solo es ideal como punto de partida para recorrer la comarca y conocer lugares como Lago Puelo o Puerto Patriada que ofrecen paisajes y momentos memorables, sino que sin duda, es un lugar para descansar y conectarse con el paisaje. Desde disfrutar de la pasión y cordialidad de su gente hasta perderse en el bosque y dejarse llevar por los sonidos de la naturaleza.

Más info en turismoelbolson.gov.arviajaportupais.gov.ar