Las Rutas del Flaco

El Flaco en la ruta

La historia de quien viaja a dedo, recorriendo las Áreas Naturales Protegidas de Argentina, en Las Rutas del Flaco.

Voy a contar mi pequeña historia a modo de presentación de Las Rutas del Flaco. Llega con un poco de dellay, porque me ganó el entusiasmo de comenzar mi viaje antes de definirlo. De hecho, deberé hacer algún revisionismo personal al final de él -cuando sea que eso pase- para saber bien de qué se trató.

Después de haber recorrido varias Reservas Naturales Provinciales y Municipales en los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires, llegué a San Bernardo del Tuyú para terminar el 2018 con amigas y recibir el 2019 soltando el último lazo familiar antes de un viaje que espero… tanto que no sé bien qué.

Mientras escribo, invierto en Cerati el 4G de mi celular. Llueve. El resto de la manada todavía hace fiaca, pero meten algunas risas de charla de cama que demuestran el disfrute. Yo, con mi equipo de mate al lado, reviso algunas de las fotos que saqué, pero todavía no me decido a hacer el trabajo de ajustar y reconfirmar los puntos de mi trayecto después del 1ro de enero.

Me propuse hacer un viaje por todo Argentina. Más de 20.000 kilómetros a través del delta, montes, pampa, espinales, mesetas, estepas y bosques patagónicos, sierras y montañas, selvas de todo tipo, puna y la infinita riqueza de nuestro país, natural y humana. Pero hacerlo, además, con poco presupuesto y viajando a dedo.

Hasta ahora, había realizado algunos viajes de este estilo y recorrido una parte de Latinoamérica. El verano pasado me fui de la misma manera desde Buenos Aires a Jaú, Amazonas, Brasil. Fueron 6.000 kilómetros increíbles en los que llevé conmigo mi mochila y guitarra. Trabajé en sitios sustentables trocando mano de obra por alimento y techo. La filosofía del viaje se me instaló de tal forma que ya no encuentro una mejor manera de ir entablando relaciones con lugares y lugareños.

Cambia la reproducción automática de Youtube en el punto y aparte. Suena Darle la Vuelta al Mundo de Calle 13 y reconozco que es una propuesta tentadora. Sobre todo después de unos últimos años complicados de coyuntura laboral.

Mi título terciario dice Productor Creativo Radial, aunque siempre tuve formación periodística y la realidad de los medios dice que -como en tantos otros rubros- todos hacemos todo. Por el enfoque, siempre preferí la carrera de Comunicador de la UBA y aunque todavía no la completo, me siento más comunicador que cualquier otra cosa. Quiero ser un transmisor, sea que eso satisfaga status académicos o no. Contar historias que necesiten ser contadas. Hay muchas dando vuelta y tengo muchas propias también.

Aunque nunca trabajé estrictamente en un cubículo de oficina -las veces que lo hice no aguanté mucho- sí tuve que laburar bajo un verticalismo estricto que choca con mi personalidad cuando no tengo voz alguna en los asuntos. Como le pasaría a cualquiera que viera sus valores distorsionados por su empleo. Agradezco no tener ataduras irrompibles que, bajo una implícita extorsión, me aprisionen en lugares que me causan rechazo.

Soy de las personas que quieren el trabajo acorde a su vida y jamás la vida acorde al trabajo. «¡Qué cómodo!». ¿Si? Verán que vivimos en un sistema que facilita lo segundo por sobre lo primero. Lo difícil es romper con él.

Lo que hace vibrar a las personas, lo que las motiva -creo- son sus ideales. La representación de esos ideales son las pasiones. Trabajar por tus ideales es entonces hacerlo con pasión. Y acá el orden de los factores sí altera el producto. Si tus ideales están subordinados a tu trabajo, bueno…

«Si no trabajás por tu sueños, alguien te contratará para que lo hagas por los suyos», predica un afiche de Steve Jobs en la casa de mi viejo. Mi sueño no va en la misma dirección que aquel genio de la manzana post Newton, pero ¡cuanta sabiduría!

Varios incentivos parentales marcan camino, otros directamente te arrojan a él. Como el cuadro clavado en mi vieja habitación, regalo para mis veinte años: «¡Adolecente, independizate! Que lo sabés todo…». ¡Atiendan aquella propaganda en el hogar!

Fuera del chiste, me tocaron hermosos modelos a imitar. De los cuales mamé el cuestionamiento a todo «lo dado». Tiro por la culata para ellos, porque aunque acá les arroje flores, también sufren mi más feroz crítica cuando cabe. La consciencia social y la empatía por sobre todo y, con ello, la necesidad de transformar costumbres, hábitos y cultura. La forma en que nos tratamos entre nosotros y al entorno en el que vivimos. Siempre estuve provisto de una brocha y una lata de pintura para que cuando, como y si lo deseara, me pintara de verde como estoy. Para ser otro factorcito de evolución por pequeño que parezca, como con el lenguaje inclusivo al que suscribo y deseo utilizar.

La coherencia de este collage de memorias, a las que se suma un fuerte amor por la naturaleza, me hicieron cranear un recorrido por todos los Parques Nacionales y Reservas Naturales de nuestro país. De divulgación de otra forma de vida, conservacionista y sustentable. En equilibrio. Un viaje con identidad e independencia. O con lo que suelo reconocerme: un poco de Lealtad & Locura. Ser y serse fiel. Vivir chisporroteando y contagiando calor.

Muy en el fondo, será que busco reafirmar creencias -o probarlas falsas si así se diera-, frente a las cosas que en la vida porteña que llevo me hacen mucho ruido. Al mismo tiempo, tratar de canalizarlas en pequeñas contribuciones, con las herramientas que dispongo y dentro de las esferas que me hacen vibrar. Pero por el momento voy a limitarme a contar de la forma en que yo vivo y experimento.

Encontré una cantidad impresionante de personas que han ido por algo similar y veo con asombro y añoranza que, idealmente, son todo lo que está bien para mí. Si deseo y me identifico con algo de su ímpetu, no me puedo quedar quieto. Nadie debiera. Recibí una posta viajera a la que le quiero hacer alguna marquita de descubrimiento propio, para entonces sí pasarla y que cada uno continúe el trazo.

Vuelvo a prestarle atención a la música y suena Creo de Callejeros. La lluvia paró y salió el sol en San Bernardo. Yo sigo en la misma posición frente a la notebook, pero no por mucho tiempo más. El termo ya está vacío y escucho a mis amigas que, como el sol, ya están energía plena. Disfrutar es fundamental. Más lejos llegan aquellos que son felices. Arranca un 2019 que así me encuentra y levanto el guante.

(Escrito el 30/12/2018)

Las Rutas del Flaco

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