TRENES PATAGONICOS

En el incesante vaivén

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En la estación de Viedma, la boletería está abierta. El tren patagónico que cruza la provincia de Río Negro de este a oeste uniendo las altas cumbres de los Andes con el Océano Atlántico, está listo para arrancar

 

| Por Florencia Cajide |

 

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VIEDMA.– El turismo y el ferrocarril tuvieron en la Argentina una historia llena de intentos y de desencuentros. Pero aquí, se recupera el encanto de las vías. El pizarrón indica que el próximo tren parte a las 18, la formación de 14 vagones espera que los pasajeros se acomoden para comenzar el recorrido que atraviesa 826 km y en cuanto suena la campana, se inicia el viaje que introduce a los turistas a la aventura de unir sobre rieles la costa Atlántica patagónica con la Cordillera de los Andes, desde Viedma hasta Bariloche.
Se sale de Viedma por la tarde, y ya el recorrido otorga la primera foto: una vista de las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones, ambas recostadas sobre las orillas del río Negro. La siguiente, deja ver la puesta de sol sobre el infinito horizonte.


Sobre rieles se divisan los pueblos

En 17 horas, el Tren Patagónico cruza toda la provincia de Río Negro y ve desfilar por las ventanas de los vagones los solitarios paisajes del norte de la Patagonia mientras el viento sopla y su sonido hace sumergirse en el vientre de la estepa. Un tren que todavía corre como antes con cómodos camarotes, restaurante y hasta un cine. La joya es el vagón disco donde se sirven tragos, se puede bailar hasta el amanecer y disfrutar del viaje nocturno junto a la inmensidad del cielo estrellado.
El tren Patagónico es el único, en todo el continente, que une el Atlántico con la Cordillera, y es también el tren de larga distancia más austral del mundo. La primera parada es en San Antonio Oeste, un pueblo que da vida a un oasis en el desierto. Las demás estaciones son viejos poblados que en áridas tierras producían lana para el mundo y a las que hoy el paso del tren les aporta vida y movimiento.
Con el desayuno listo para la madrugada, se llega a Ingeniero Jacobacci. En este punto, si se quiere continuar con el vaivén turístico sobre rieles, es ideal el empalme con el Tren la Trochita. La locomotora General Motors del Patagónico pega el último chiflido y estaciona en Jacobacci. La escena emociona, cuando de repente el movimiento abraza al pueblo y por una hora a paso incesante caminan más personas que durante todo un día.


La Trochita, un clásico

Los caballos salvajes y las liebres atraviesan la estepa a toda velocidad. El vapor de La Trochita se disipa en el limpio y celeste cielo. Sus vagones de madera maciza ruedan en una vía muy angosta sobre pastizales amarillos y flores silvestres. Al tomar una curva, la imagen del pequeño tren se divisa en el paisaje como si fuera de juguete. Su particular trocha lo convierte en uno de los pocos trenes que sobreviven al paso del tiempo. En los alrededores del recorrido habitan algunos descendientes de mapuches, dedicados a la actividad pastoril y a las artesanías en telar. Ya cerca del complejo de Diatomita, cerca del km 27 del recorrido, se inaugura la primera parada. Es hora de subirse a las combis para trasladarse hacia la Estancia Yuquiche donde aguarda un delicioso cordero patagónico al asador para el almuerzo.

Los fanáticos llegan desde todo el mundo hasta este rincón de la Patagonia para subirse a un tren que hoy es un verdadero museo andante. La Trochita, o el Viejo Expreso Patagónico, une las localidades de Jacobacci y Esquel desde 1945 sobre una vía férrea de trocha angosta, de solo 75 cms de ancho. Su ramal tiene una longitud de 402 km y asciende hasta los 700 msnm al llegar a Esquel.
La excursión de este famoso tren turístico se realiza en un convoy arrastrado por una locomotora Henschell de vapor a 6 ruedas construida en 1922. Para el invierno, las salamandras calientan los vagones angostos, donde el mate es moneda corriente. 

 


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