SAN MARTIN DE LOS ANDES

Quila Quina: La costa mapuche

Quina

Por la Ruta de los Siete Lagos, apenas a media hora de San Martín de los Andes hacia el Sur, se llega a este páramo con cultura aborigen, rebaños en el camino, playa y senderos para llenarse de oxígeno


El largo muelle del pueblo que recibe los catamaranes que llegan desde San Martin de los AndesLa belleza cautivante del Arroyo GrandeLa vista de la villa y el Lago Lacar desde el mirador en altura que se encuentra sobre la ruta de accesoLos rebanos de ovejas y cabras, una postal constante y pintoresca que se cruza en el caminoquila1quila2quila3

 

Los cabritos y corderos de corta edad saltan ágiles de un lado a otro del camino de ripio, desafiando la pendiente del trazado de montaña. Es una mañana curiosa: el sol juega entre los cipreses, los robles, los corrales y una tímida nevada a destiempo que cayó la noche anterior y dejó su marca sobre la leña apilada junto a las cabañas. Algunas de ellas, pertenecen a la comunidad mapuche Curruhuinca que habita en estas tierras, conservando su cultura aborigen. Como ellos conocen a Quila Quina como la palma de su mano, son los guías ideales para acompañar a los viajeros de a pie, por ejemplo, hasta la bucólica cascada del Arroyo Grande. También se puede hacer como sendero autoguiado pero siempre se encontrará por allí a algún miembro de la comunidad ofreciendo sus artesanías, sean tejidos en telar, cucharas de madera tallada o alguna receta rica salida de las cocinas económicas que ahuman el paisaje con simpatía.

En el camino de ingreso (que trepa de los 640 a los 900 msnm en poco más de 10 km), hay que hacer un alto en el mirador panorámico que descubre el lago, los cerros y la villa en una primera imagen. Y después, se arribará hasta la tranquera y guardaganado que marca el curioso comienzo de la villa en sí misma. Si el día acompaña con clima benigno, lo ideal es dejar allí el vehículo y disfrutar del lugar andando.

Este páramo junto a la margen sur del Lago Lácar permite obtener una visión diferente que la que el espejo de agua tiene desde San Martín de los Andes. Aquí, se lo observa tranquilo, alargado sobre un valle que se corona con cerros boscosos como el Abanico, el Colorado y la Piedra de Trompul. Si uno llega en catamarán, podrá obtener una postal bien definida de esto. Y si no, bastará con sentarse en la playa (muy elegida en el verano entre los patagónicos para asolearse) o en el largo muelle que es el punto más concurrido de la villa durante el desembarco de los turistas. Ahí hay también una confitería que sirve picadas con trucha, ciervo y jabalí como delicias, y mesitas para hacer picnic a la sombra. Desde este punto, las caminatas conducen sin mucha dificultad al camping, a un sendero bordeado de cipreses o a una vertiente de agua mineral que brota entre las rocas.

 



  • A diario, parten excursiones regulares en catamarán o combis desde San Martín de los Andes
  • Si se decide llegar en bicicleta, hay que tener en cuenta la dificultad de la pendiente
  • Más información en www.neuquentur.gov.ar
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